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De la UPI La Vega, al área de Sistemas: Conoce la historia de "Lili"

Liliana de la upi la vega al área de sistemas

Categoría: Noticias Idipron

 

16 de junio de 2020

Liliana Márquez tiene 20 años y es oriunda de La Salina (Casanare). Vive en Bogotá desde hace 13 años. Ingresó al IDIPRON por una llamada donde le explicaron a su mamá cuál era el trabajo del Instituto y cómo funcionaba. Ella vivía en la localidad de Usme y su ingreso estuvo relacionado con escolaridad y cuidado. 

Lili, como le dicen cariñosamente sus compañeros, tiene cuatro hermanos y ella es la segunda. Recuerda que ingresó a la Unidad de Protección Integral (UPI) La Vega y su hermano mayor a Acandí (Chocó). Era el año 2011 y para Liliana aquella nueva vida le planteaba varios interrogantes.

Estos dudas se fueron aclarando una vez que ingresó a su nuevo hogar, donde tenía una cama para ella sola, en un gran dormitorio donde compartía espacio con otras chicas como ella. En esa oportunidad, cuenta, entraron 27 niñas y comenzaron a ser como hermanas. Además de darles todos los útiles de aseo personal, les dieron ropa nueva y calzado cuando pasaron por La Florida. 

“Todas estábamos felices y emocionadas. Lo más importante era que los profes no preguntaban por qué estaba uno allí, sino “qué quieres hacer, esto funciona así”. Nos dieron un recorrido por las instalaciones y luego un almuerzo de bienvenida con un evento de las otras chicas como parte del recibimiento. En total éramos 180 chicas entre los 8 y 17 años. Empecé a estudiar quinto grado”. A Liliana le agradó saber que si se esforzaba podía hacer dos años en uno. Salían los viernes cada 15 días y regresaban los domingos a la UPI La 32 y de allí hacia La Vega, que está ubicada en las afueras de Bogotá. Las clases académicas las compartían con talleres de música, teatro, literatura, ajedrez y deportes.

“Yo estaba en música y deportes porque nos llevaban a todos los eventos que organizaba el padre Javier De Nicoló y participábamos en competencias. Ese año se realizaron las primeras olimpiadas y fue emocionante ver a los chicos de todas las unidades bailando disfrazados, y representando un país cada uno de ellos. Era una gran fiesta deportiva. Mi vida por esa época fue exquisita. El padre Javier siempre decía que los chicos y chicas preferían quedarse en el IDIPRON que salir a sus casas, porque allí siempre jugaban con sus compañeras y compañeros, con los profes y hasta con los celadores. Salíamos a caminatas de cuatro a seis horas. Y también había comidas especiales, como asaditos. El Día de la Mujer, los profes nos consentían y preparaban agua de panela con galletas. Eran muy detallistas con nosotras”.

Al cumplir los 18 

Cuenta Liliana que cuando llegaban a noveno grado les hacían una prueba para pasar al Colegio Distrital Fleming. “Cuando pasábamos allá era un lujo: salías del internado y convivía con más gente. Estudiaba en la mañana, en la tarde actividades y de ahí para la casa. Cuando iba en décimo, escogí estudiar Técnico en Sistemas con el Sena. A los 18 años me gradué, el 4 de diciembre de 2017, como técnica y bachiller. Recuerdo que hubo un paseo, y le dije a mi familia “me quedo”, porque quería conocer el mar, pero viajamos fue a Bucaramanga. Yo era una de las líderes del grupo y entre paseos y caminatas a pueblos vecinos transcurrió una semana inolvidable”, cuenta Liliana con alegría por la experiencia vivida. 

Recuerda también que el padre Javier cada mes organizaba una integración con los demás chicos de otras Casas, que les permitía integrarse. “Las chicas cambiaban totalmente su apariencia física porque estaban los muchachos, y todas estaban muy bonitas y educadas en la mesa”, ríe con picardía. La única solicitud para ella y sus compañeras era que colaboraran con el aseo de la casa y mantener todo en orden y limpio. “Si no hacíamos las tareas, nos enviaban a la biblioteca. Eran exigentes y nos pedían que en todo nos fuera bien. La directora de la unidad nos decía: “chicas, qué pasa, qué hay que hacer’. Era muy bonito. Nos enseñaron a ser independientes”, afirma Liliana. 

Al dejar la Unidad, Liliana siempre quiso estudiar en la universidad y mantenerse por sus propios medios. “Todos los profes del IDIPRON me conocían y eso me ayudó muchísimo. Recuerdo que ya estando fuera del Instituto, un lunes me llamaron para decirme que tenía una entrevista en la sede de la calle 61 para Sistemas, que debía enviar unos papeles. Yo ya tenía el certificado de Técnico en Sistemas. El 25 de enero de 2018 firmé contrato con el IDIPRON en el área de Sistemas y el recibimiento fue muy chévere. Luego tuve que ir a las otras sedes y todos contentos y me decían “ahora eres nuestra compañera”. 

En la actualidad, Liliana estudia en la Universidad del Área Andina la carrera de Entrenamiento deportivo. “Me gustan mucho las artes marciales, el deporte y la cultura. He conocido muchísimos casos donde adolescentes y jóvenes han salido del vicio y de la calle gracias al deporte. Cuando empecé a entrenar, el IDIPRON tenía un patrocinio para nosotros. Aprendí a formar mi carácter, porque antes era explosiva y el deporte me ayudó a ser más tranquila y disciplinada. También toqué el corno durante cinco años en la escuela de música del IDIPRON”, destacó.

“Mi mensaje a los directivos y compañeros de trabajo del Instituto es de agradecimiento por vivir tanto tiempo aquí, por ayudar a tanta gente; gracias por tener a tantos niños, niñas, adolescentes y jóvenes en sus contextos pedagógicos; gracias por todo lo que han hecho. Y a los chicos que hacen parte del IDIPRON les digo que se cuiden mucho y cuiden lo que tienen; que si ven una oportunidad la aprovechen, que escuchen a los profes. A veces yo me sentía sola y recordaba los consejos que nos daban las profes y se los replicábamos a las chicas. A ellas les diría que se refugien en el IDIPRON cuando se sientan mal. Que aprovechen a las sicólogas, que se diviertan y disfruten de todo lo que organizan. En música nos decían: “primero aprendan a ser persona y luego a ser lo que ustedes quieran”. Uno viene a este mundo a servir. Que lo hagan por experiencia, que se rían, que agradezcan mucho, que más adelante puedan decir: “gracias a esa profesora que me corrigió, mi vida es otra”. Que disfruten todo lo que les da esta experiencia de estudiar y vivir en el IDIPRON”, concluyó esta egresada, que, por su buen desempeño laboral, continúa como contratista de la entidad.

 

 

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Lili, como le dicen cariñosamente sus compañeros, tiene cuatro hermanos y ella es la segunda. Recuerda que ingresó a la Unidad de Protección Integral (UPI) La Vega y su hermano mayor a Acandí (Chocó). Era el año 2011 y para Liliana aquella nueva vida le planteaba varios interrogantes.

Estos dudas se fueron aclarando una vez que ingresó a su nuevo hogar, donde tenía una cama para ella sola, en un gran dormitorio donde compartía espacio con otras chicas como ella. En esa oportunidad, cuenta, entraron 27 niñas y comenzaron a ser como hermanas. Además de darles todos los útiles de aseo personal, les dieron ropa nueva y calzado cuando pasaron por La Florida. 

“Todas estábamos felices y emocionadas. Lo más importante era que los profes no preguntaban por qué estaba uno allí, sino “qué quieres hacer, esto funciona así”. Nos dieron un recorrido por las instalaciones y luego un almuerzo de bienvenida con un evento de las otras chicas como parte del recibimiento. En total éramos 180 chicas entre los 8 y 17 años. Empecé a estudiar quinto grado”. A Liliana le agradó saber que si se esforzaba podía hacer dos años en uno. Salían los viernes cada 15 días y regresaban los domingos a la UPI La 32 y de allí hacia La Vega, que está ubicada en las afueras de Bogotá. Las clases académicas las compartían con talleres de música, teatro, literatura, ajedrez y deportes.

“Yo estaba en música y deportes porque nos llevaban a todos los eventos que organizaba el padre Javier De Nicoló y participábamos en competencias. Ese año se realizaron las primeras olimpiadas y fue emocionante ver a los chicos de todas las unidades bailando disfrazados, y representando un país cada uno de ellos. Era una gran fiesta deportiva. Mi vida por esa época fue exquisita. El padre Javier siempre decía que los chicos y chicas preferían quedarse en el IDIPRON que salir a sus casas, porque allí siempre jugaban con sus compañeras y compañeros, con los profes y hasta con los celadores. Salíamos a caminatas de cuatro a seis horas. Y también había comidas especiales, como asaditos. El Día de la Mujer, los profes nos consentían y preparaban agua de panela con galletas. Eran muy detallistas con nosotras”.

Al cumplir los 18 

Cuenta Liliana que cuando llegaban a noveno grado les hacían una prueba para pasar al Colegio Distrital Fleming. “Cuando pasábamos allá era un lujo: salías del internado y convivía con más gente. Estudiaba en la mañana, en la tarde actividades y de ahí para la casa. Cuando iba en décimo, escogí estudiar Técnico en Sistemas con el Sena. A los 18 años me gradué, el 4 de diciembre de 2017, como técnica y bachiller. Recuerdo que hubo un paseo, y le dije a mi familia “me quedo”, porque quería conocer el mar, pero viajamos fue a Bucaramanga. Yo era una de las líderes del grupo y entre paseos y caminatas a pueblos vecinos transcurrió una semana inolvidable”, cuenta Liliana con alegría por la experiencia vivida. 

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En la actualidad, Liliana estudia en la Universidad del Área Andina la carrera de Entrenamiento deportivo. “Me gustan mucho las artes marciales, el deporte y la cultura. He conocido muchísimos casos donde adolescentes y jóvenes han salido del vicio y de la calle gracias al deporte. Cuando empecé a entrenar, el IDIPRON tenía un patrocinio para nosotros. Aprendí a formar mi carácter, porque antes era explosiva y el deporte me ayudó a ser más tranquila y disciplinada. También toqué el corno durante cinco años en la escuela de música del IDIPRON”, destacó.

“Mi mensaje a los directivos y compañeros de trabajo del Instituto es de agradecimiento por vivir tanto tiempo aquí, por ayudar a tanta gente; gracias por tener a tantos niños, niñas, adolescentes y jóvenes en sus contextos pedagógicos; gracias por todo lo que han hecho. Y a los chicos que hacen parte del IDIPRON les digo que se cuiden mucho y cuiden lo que tienen; que si ven una oportunidad la aprovechen, que escuchen a los profes. A veces yo me sentía sola y recordaba los consejos que nos daban las profes y se los replicábamos a las chicas. A ellas les diría que se refugien en el IDIPRON cuando se sientan mal. Que aprovechen a las sicólogas, que se diviertan y disfruten de todo lo que organizan. En música nos decían: “primero aprendan a ser persona y luego a ser lo que ustedes quieran”. Uno viene a este mundo a servir. Que lo hagan por experiencia, que se rían, que agradezcan mucho, que más adelante puedan decir: “gracias a esa profesora que me corrigió, mi vida es otra”. Que disfruten todo lo que les da esta experiencia de estudiar y vivir en el IDIPRON”, concluyó esta egresada, que, por su buen desempeño laboral, continúa como contratista de la entidad.

 


 

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16 de junio de 2020

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“Yo estaba en música y deportes porque nos llevaban a todos los eventos que organizaba el padre Javier De Nicoló y participábamos en competencias. Ese año se realizaron las primeras olimpiadas y fue emocionante ver a los chicos de todas las unidades bailando disfrazados, y representando un país cada uno de ellos. Era una gran fiesta deportiva. Mi vida por esa época fue exquisita. El padre Javier siempre decía que los chicos y chicas preferían quedarse en el IDIPRON que salir a sus casas, porque allí siempre jugaban con sus compañeras y compañeros, con los profes y hasta con los celadores. Salíamos a caminatas de cuatro a seis horas. Y también había comidas especiales, como asaditos. El Día de la Mujer, los profes nos consentían y preparaban agua de panela con galletas. Eran muy detallistas con nosotras”.

Al cumplir los 18 

Cuenta Liliana que cuando llegaban a noveno grado les hacían una prueba para pasar al Colegio Distrital Fleming. “Cuando pasábamos allá era un lujo: salías del internado y convivía con más gente. Estudiaba en la mañana, en la tarde actividades y de ahí para la casa. Cuando iba en décimo, escogí estudiar Técnico en Sistemas con el Sena. A los 18 años me gradué, el 4 de diciembre de 2017, como técnica y bachiller. Recuerdo que hubo un paseo, y le dije a mi familia “me quedo”, porque quería conocer el mar, pero viajamos fue a Bucaramanga. Yo era una de las líderes del grupo y entre paseos y caminatas a pueblos vecinos transcurrió una semana inolvidable”, cuenta Liliana con alegría por la experiencia vivida. 

Recuerda también que el padre Javier cada mes organizaba una integración con los demás chicos de otras Casas, que les permitía integrarse. “Las chicas cambiaban totalmente su apariencia física porque estaban los muchachos, y todas estaban muy bonitas y educadas en la mesa”, ríe con picardía. La única solicitud para ella y sus compañeras era que colaboraran con el aseo de la casa y mantener todo en orden y limpio. “Si no hacíamos las tareas, nos enviaban a la biblioteca. Eran exigentes y nos pedían que en todo nos fuera bien. La directora de la unidad nos decía: “chicas, qué pasa, qué hay que hacer’. Era muy bonito. Nos enseñaron a ser independientes”, afirma Liliana. 

Al dejar la Unidad, Liliana siempre quiso estudiar en la universidad y mantenerse por sus propios medios. “Todos los profes del IDIPRON me conocían y eso me ayudó muchísimo. Recuerdo que ya estando fuera del Instituto, un lunes me llamaron para decirme que tenía una entrevista en la sede de la calle 61 para Sistemas, que debía enviar unos papeles. Yo ya tenía el certificado de Técnico en Sistemas. El 25 de enero de 2018 firmé contrato con el IDIPRON en el área de Sistemas y el recibimiento fue muy chévere. Luego tuve que ir a las otras sedes y todos contentos y me decían “ahora eres nuestra compañera”. 

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