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Tarea del IDIPRON

Jóven de IDIPRON lleva en brazo a jóven habitante de calle

Categoría: Noticias Idipron

Fuente: El espectador

Por: Alberto López de Mesa

28 de agosto de 2019

Acabé de escribir un documento sobre los procesos que cumplen en el Idipron el Área de Territorios y la Unidad de protección integral El Oasis. Son etapas de la responsabilidad misional del Instituto para la prevención, la protección y la atención de niñas, niños, adolescentes y jóvenes, cuya vulnerabilidad los expone al abuso sexual, a la instrumentalización para la delincuencia, al desamparo, a la vida en calle.

Dicha tarea social deben conocerla quienes aspiran a la Alcaldía, al Concejo y a ediles, puesto que la habitabilidad en calle es un fenómeno urbano que requiere la atención transversal de todas las instancias gubernamentales, que debe incidir en todo Plan de Ordenamiento Territorial y en todo Plan de Desarrollo.

El equipo de investigadores del Idipron elaboró la cartografía en donde aparecen georreferenciados los cambuches, las ollas del narcomenudeo, los puntos de mayor concentración de habitantes de calle, las rutas habituales de recicladores y de los callejeros trashumantes, entre otros datos de la ciudadanía marginal, dicha información procede de un historial de 51 años de servicio, pero también del conocimiento práctico y vivencial que aportan los funcionarios del Área de Territorios, que a diario recorren las calles, asistiendo y/o atendiendo a los muchachos desamparados.

Varias localidades han organizado mesas para el tema. Las integran representantes de las secretarias de Integración y de Salud, de la policía, de la Personería y de la comunidad. Idipron participa insistiendo en acciones que prevengan la habitancia en calle y también educando a las instancias sobre la funcionalidad y la eficacia de la “Bondad”, herencia filosófica de su fundador, el padre Javier de Nicoló.

Pero el ejercicio más humanista y efectivo es el que cumplen los facilitadores que recorren las calles persuadiendo a los chicos de asistir a las unidades para favorecerlos con los servicios a los que, constitucionalmente, tiene derecho.

A mí me admiró de sobre manera el operativo que se genera cuando un facilitador encuentra a un menor de edad, a un niño, en situación de calle. El protocolo legal exige que se dé parte al ICBF, a la Policía de menores y juntos averiguan el origen del chico, su condición y el destino más favorable.

Los buses del Instituto, dos veces al día, están transportando a los muchachos que deseen asistir a los servicios. En la Unidad de Protección Integral El Oasis hay cupo para 400, pero en la ciudad cada día hay más jóvenes habitando las calles, ya sea por los desplazamientos forzados por la violencia en el campo, ahora último por la migración de venezolanos y en general por la descomposición social resultante de un sistema inequitativo y de injusticias históricas. Tal situación exige un diseño de atención rotativa, para que la mayoría logre la atención y una vez allí, prestarle, durante su estadía en la unidad, servicios y nociones que contribuyan a su resiliencia y, mejor aún, a la superación personal.

La UPI El Oasis es una estancia de mucho significado paro los habitantes de calle bogotanos. Los que concurren allí saben que llegarán a un remanso en medio del agite y la agresividad que vive en las calles. Allí encuentran baños dignos, se les lava la ropa, comen sabroso y abundante, hacen deporte, juegan, reciben talleres productivos y clases edificantes para su conciencia y su vida, profesionales de la salud, del trabajo social y de la sicología los atienden, los aconsejan, los orientan. Cada tres meses existe un programa llamado El Semáforo, donde los muchachos prueban su voluntad de cambio, una vez logran las tres etapas (rojo, amarillo y verde) pueden pasar a la sede de La Rioja, el centro donde se les ofrece capacitación para el emprendimiento y opciones laborales.

Es tan complejo y ahora tan creciente el fenómeno urbano de la habitabilidad en calle que todas las acciones parecen pocas. En este siglo la atención a esta problemática social acusa al mercadeo y consumo de drogas ilícitas como la causante de la degradación y la exclusión de muchos jóvenes. La verdad, creo que este enfoque corresponde a la errática política de drogas que se practica en el país. No obstante los pésimos resultados de la terapéutica con que se tratan las adicciones, no obstante los tantos años de fracasos, se insiste en medidas prohibicionistas que han terminado por criminalizar a los consumidores y se ha generalizado en la ciudadanía una censura más moralista que objetiva. Pero ese asunto merece una reflexión específica que no es del caso en esta columna.

Me parece pertinente que el Idipron dé a conocer públicamente la tarea social que cumple desde cada una de sus áreas, puesto que la superación de la habitancia en calle requiere el acompañamiento de la ciudadanía a la hora de concebir normas de convivencia con los que eligen otras formas de vivir la ciudad, también el concurso del comercio y la empresa privada, a la hora de pactar la inclusión socio laboral de los que ahora viven de lo que les da la calle.

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Dicha tarea social deben conocerla quienes aspiran a la Alcaldía, al Concejo y a ediles, puesto que la habitabilidad en calle es un fenómeno urbano que requiere la atención transversal de todas las instancias gubernamentales, que debe incidir en todo Plan de Ordenamiento Territorial y en todo Plan de Desarrollo.

El equipo de investigadores del Idipron elaboró la cartografía en donde aparecen georreferenciados los cambuches, las ollas del narcomenudeo, los puntos de mayor concentración de habitantes de calle, las rutas habituales de recicladores y de los callejeros trashumantes, entre otros datos de la ciudadanía marginal, dicha información procede de un historial de 51 años de servicio, pero también del conocimiento práctico y vivencial que aportan los funcionarios del Área de Territorios, que a diario recorren las calles, asistiendo y/o atendiendo a los muchachos desamparados.

Varias localidades han organizado mesas para el tema. Las integran representantes de las secretarias de Integración y de Salud, de la policía, de la Personería y de la comunidad. Idipron participa insistiendo en acciones que prevengan la habitancia en calle y también educando a las instancias sobre la funcionalidad y la eficacia de la “Bondad”, herencia filosófica de su fundador, el padre Javier de Nicoló.

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Me parece pertinente que el Idipron dé a conocer públicamente la tarea social que cumple desde cada una de sus áreas, puesto que la superación de la habitancia en calle requiere el acompañamiento de la ciudadanía a la hora de concebir normas de convivencia con los que eligen otras formas de vivir la ciudad, también el concurso del comercio y la empresa privada, a la hora de pactar la inclusión socio laboral de los que ahora viven de lo que les da la calle.

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Pero el ejercicio más humanista y efectivo es el que cumplen los facilitadores que recorren las calles persuadiendo a los chicos de asistir a las unidades para favorecerlos con los servicios a los que, constitucionalmente, tiene derecho.

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La UPI El Oasis es una estancia de mucho significado paro los habitantes de calle bogotanos. Los que concurren allí saben que llegarán a un remanso en medio del agite y la agresividad que vive en las calles. Allí encuentran baños dignos, se les lava la ropa, comen sabroso y abundante, hacen deporte, juegan, reciben talleres productivos y clases edificantes para su conciencia y su vida, profesionales de la salud, del trabajo social y de la sicología los atienden, los aconsejan, los orientan. Cada tres meses existe un programa llamado El Semáforo, donde los muchachos prueban su voluntad de cambio, una vez logran las tres etapas (rojo, amarillo y verde) pueden pasar a la sede de La Rioja, el centro donde se les ofrece capacitación para el emprendimiento y opciones laborales.

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