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Por más de 11 años Oliven Díaz ha horneado pan y sueños en el IDIPRON
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Con su experiencia, cuidado y dedicación un tolimense de 52 años, es el encargado de preparar semanalmente, entre 12 mil y 15 mil panes y mantecadas destinados para todos los niños, niñas, adolescentes y jóvenes beneficiarios de las Unidades de Protección Integral del IDIPRON.
Desde febrero de 2011 cuando ingreso al Economato del IDIPRON a prestar sus servicios como panadero, una labor empírica heredada de su hermano, Oliven Díaz afirma tener una vida bendecida que disfruta diariamente y donde siente que su servicio y conocimiento le permiten ayudar a las niñas, niños, adolescentes y jóvenes beneficiarios de los servicios de la Entidad.
“Aunque casi no tengo contacto con ellos, es muy grato saber que con mi trabajo estoy aportando un granito de arena en el proceso que brinda el Instituto a los que más lo necesitan, una oportunidad de vida, transformación y de que cumplan sus proyectos y sueños”, asegura Oliven con una gran satisfacción.
Este amoroso y espiritual esposo y padre de familia, afirma que los ingredientes secretos de cada uno de sus productos están en “hacer todo con mucho amor, empeño y cumpliendo con todas las prácticas de buena manufactura”. Así, Oliven logra hornear diariamente, junto a su compañero Mario Nieves, los más ricos y apetecidos panes, mantecadas, pasabocas y palitos de queso que se consumen en las unidades de protección, UPIS, de la ciudad.
Para este hombre oriundo de Chaparral, Tolima, el pan que se hornea desde el Economato ubicado en el barrio San Blas, al sur de la ciudad, es de gran calidad y no tiene nada que envidiar a los producidos por las grandes empresas.
“Nuestras fórmulas son muy diferentes a las de un barrio o vitrina porque nosotros trabajamos con poca levadura, así el pan no se abomba, es decir, no es solo aire, es un pan macizo que lleva toda la proteína, las vitaminas y todo el sabor. Realmente sacamos un producto de calidad y fresco. Muy diferente a los de afuera, por eso es por lo que gusta tanto”, señala con orgullo Oliven.
De otra parte, la mantecada, uno de los productos favoritos de sus comensales, es elaborada con seis libras de harina, 75 huevos, cinco libras de mantequilla, 5 libras de azúcar, esencia y, en algunas oportunidades, una naranja rayada o harina de maíz para que quede con un sabor campesino.
Pero no todo son recetas y minutas de nutrición para Oliven, quien, con una profunda devoción a Dios, con pasión y gratitud, durante los años de servicio en el IDIPRON, resalta que su trabajo le ha permitido, en algunas oportunidades, enseñar su oficio, aconsejar y motivar a los jóvenes beneficiarios y asegura que su mayor privilegio y alegría ha sido ver a muchos de estos jóvenes restaurados.
“Ya he visto a más de 15 personas que trabajaron en el Economato, ya no como jóvenes del programa, sino como contratistas, con trabajo y un hogar formado, fuera de las sustancias psicoactivas, ya no están consumiendo, y eso para mí es un privilegio, el poder ver su cambio de vida y saber que en algún momento uno hizo parte en ellos”.
Razones como estas, son las motivan a Oliven cada día, a levantarse a las 4 de la mañana, caminar hacia su trabajo feliz para iniciar labores, inmunizando toda el área de panadería, encendiendo máquinas y de acuerdo con la minuta establecida producir los 3 mil o 4 mil productos diarios.
Actualmente, Oliven, que también tiene conocimiento en metalmecánica y pintura automotriz, decidió capacitarse en lo que más le gusta. Ingresó al SENA para certificarse como panadero-pastelero y así seguir aplicando los conocimientos adquiridos en lo que más le apasiona y deleitando el paladar de los beneficiarios del Instituto que le abrió las puertas.
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Desde febrero de 2011 cuando ingreso al Economato del IDIPRON a prestar sus servicios como panadero, una labor empírica heredada de su hermano, Oliven Díaz afirma tener una vida bendecida que disfruta diariamente y donde siente que su servicio y conocimiento le permiten ayudar a las niñas, niños, adolescentes y jóvenes beneficiarios de los servicios de la Entidad.
“Aunque casi no tengo contacto con ellos, es muy grato saber que con mi trabajo estoy aportando un granito de arena en el proceso que brinda el Instituto a los que más lo necesitan, una oportunidad de vida, transformación y de que cumplan sus proyectos y sueños”, asegura Oliven con una gran satisfacción.
Este amoroso y espiritual esposo y padre de familia, afirma que los ingredientes secretos de cada uno de sus productos están en “hacer todo con mucho amor, empeño y cumpliendo con todas las prácticas de buena manufactura”. Así, Oliven logra hornear diariamente, junto a su compañero Mario Nieves, los más ricos y apetecidos panes, mantecadas, pasabocas y palitos de queso que se consumen en las unidades de protección, UPIS, de la ciudad.
Para este hombre oriundo de Chaparral, Tolima, el pan que se hornea desde el Economato ubicado en el barrio San Blas, al sur de la ciudad, es de gran calidad y no tiene nada que envidiar a los producidos por las grandes empresas.
“Nuestras fórmulas son muy diferentes a las de un barrio o vitrina porque nosotros trabajamos con poca levadura, así el pan no se abomba, es decir, no es solo aire, es un pan macizo que lleva toda la proteína, las vitaminas y todo el sabor. Realmente sacamos un producto de calidad y fresco. Muy diferente a los de afuera, por eso es por lo que gusta tanto”, señala con orgullo Oliven.
De otra parte, la mantecada, uno de los productos favoritos de sus comensales, es elaborada con seis libras de harina, 75 huevos, cinco libras de mantequilla, 5 libras de azúcar, esencia y, en algunas oportunidades, una naranja rayada o harina de maíz para que quede con un sabor campesino.
Pero no todo son recetas y minutas de nutrición para Oliven, quien, con una profunda devoción a Dios, con pasión y gratitud, durante los años de servicio en el IDIPRON, resalta que su trabajo le ha permitido, en algunas oportunidades, enseñar su oficio, aconsejar y motivar a los jóvenes beneficiarios y asegura que su mayor privilegio y alegría ha sido ver a muchos de estos jóvenes restaurados.
“Ya he visto a más de 15 personas que trabajaron en el Economato, ya no como jóvenes del programa, sino como contratistas, con trabajo y un hogar formado, fuera de las sustancias psicoactivas, ya no están consumiendo, y eso para mí es un privilegio, el poder ver su cambio de vida y saber que en algún momento uno hizo parte en ellos”.
Razones como estas, son las motivan a Oliven cada día, a levantarse a las 4 de la mañana, caminar hacia su trabajo feliz para iniciar labores, inmunizando toda el área de panadería, encendiendo máquinas y de acuerdo con la minuta establecida producir los 3 mil o 4 mil productos diarios.
Actualmente, Oliven, que también tiene conocimiento en metalmecánica y pintura automotriz, decidió capacitarse en lo que más le gusta. Ingresó al SENA para certificarse como panadero-pastelero y así seguir aplicando los conocimientos adquiridos en lo que más le apasiona y deleitando el paladar de los beneficiarios del Instituto que le abrió las puertas.
Con su experiencia, cuidado y dedicación un tolimense de 52 años, es el encargado de preparar semanalmente, entre 12 mil y 15 mil panes y mantecadas destinados para todos los niños, niñas, adolescentes y jóvenes beneficiarios de las Unidades de Protección Integral del IDIPRON.
Desde febrero de 2011 cuando ingreso al Economato del IDIPRON a prestar sus servicios como panadero, una labor empírica heredada de su hermano, Oliven Díaz afirma tener una vida bendecida que disfruta diariamente y donde siente que su servicio y conocimiento le permiten ayudar a las niñas, niños, adolescentes y jóvenes beneficiarios de los servicios de la Entidad.
“Aunque casi no tengo contacto con ellos, es muy grato saber que con mi trabajo estoy aportando un granito de arena en el proceso que brinda el Instituto a los que más lo necesitan, una oportunidad de vida, transformación y de que cumplan sus proyectos y sueños”, asegura Oliven con una gran satisfacción.
Este amoroso y espiritual esposo y padre de familia, afirma que los ingredientes secretos de cada uno de sus productos están en “hacer todo con mucho amor, empeño y cumpliendo con todas las prácticas de buena manufactura”. Así, Oliven logra hornear diariamente, junto a su compañero Mario Nieves, los más ricos y apetecidos panes, mantecadas, pasabocas y palitos de queso que se consumen en las unidades de protección, UPIS, de la ciudad.
Para este hombre oriundo de Chaparral, Tolima, el pan que se hornea desde el Economato ubicado en el barrio San Blas, al sur de la ciudad, es de gran calidad y no tiene nada que envidiar a los producidos por las grandes empresas.
“Nuestras fórmulas son muy diferentes a las de un barrio o vitrina porque nosotros trabajamos con poca levadura, así el pan no se abomba, es decir, no es solo aire, es un pan macizo que lleva toda la proteína, las vitaminas y todo el sabor. Realmente sacamos un producto de calidad y fresco. Muy diferente a los de afuera, por eso es por lo que gusta tanto”, señala con orgullo Oliven.
De otra parte, la mantecada, uno de los productos favoritos de sus comensales, es elaborada con seis libras de harina, 75 huevos, cinco libras de mantequilla, 5 libras de azúcar, esencia y, en algunas oportunidades, una naranja rayada o harina de maíz para que quede con un sabor campesino.
Pero no todo son recetas y minutas de nutrición para Oliven, quien, con una profunda devoción a Dios, con pasión y gratitud, durante los años de servicio en el IDIPRON, resalta que su trabajo le ha permitido, en algunas oportunidades, enseñar su oficio, aconsejar y motivar a los jóvenes beneficiarios y asegura que su mayor privilegio y alegría ha sido ver a muchos de estos jóvenes restaurados.
“Ya he visto a más de 15 personas que trabajaron en el Economato, ya no como jóvenes del programa, sino como contratistas, con trabajo y un hogar formado, fuera de las sustancias psicoactivas, ya no están consumiendo, y eso para mí es un privilegio, el poder ver su cambio de vida y saber que en algún momento uno hizo parte en ellos”.
Razones como estas, son las motivan a Oliven cada día, a levantarse a las 4 de la mañana, caminar hacia su trabajo feliz para iniciar labores, inmunizando toda el área de panadería, encendiendo máquinas y de acuerdo con la minuta establecida producir los 3 mil o 4 mil productos diarios.
Actualmente, Oliven, que también tiene conocimiento en metalmecánica y pintura automotriz, decidió capacitarse en lo que más le gusta. Ingresó al SENA para certificarse como panadero-pastelero y así seguir aplicando los conocimientos adquiridos en lo que más le apasiona y deleitando el paladar de los beneficiarios del Instituto que le abrió las puertas.
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